15/03/14

LA OBRA DE TEATRO, HECHA REALIDAD

Desde aquí, la enhorabuena a un supercurso que ha hecho posible soñar a los propios profesores. Felicidades, tercero. Os las merecéis todas. Gracias por vuestro entusiasmo, por vuestra capacidad para hacer cosas desinteresadamente, vuestra voluntad de superación.

La clase de tercero saludando a los de primero de la ESO. 

Nayma (Paula) junto a sus compañeros de trabajo, Jorge y Miguel Candela.

video
La tercera escena, en vídeo.

08/02/14

OBRA DE TEATRO "HESPÉRIDES": GUIÓN ESCENAS 1, 3 & 4



ACTORES PRINCIPALES
MAGDALENA (universitaria)
Sr. ESTEBAN (activista)
Sr. MATEO (abogado)
Sr. PEDRO (guardia de seguridad)
NAYMA (limpiadora extranjera)
Mr. HOFFMAN (representante de SOYD)
NARRADOR


PRIMERA ESCENA
  
Los cinco protagonistas son participantes en el desalojo de una casa por impago.
     Un abogado llama a la puerta, acompañado de un guardia de seguridad, en el que aparece un pareja. La pareja está discutiendo: ella dice que no quiere tener más líos sociales ni conquistas sociales y deja a lo que suponemos que es su novia. Él la llama cobarde y ella egoísta. Se preocupa siempre por los demás y no por los que tiene más cerca.
    La chica sale disparada, y entonces el abogado toma la palabra. Dice que tienen que desalojar el edificio porque llevan sin pagar el alquiler más de seis meses. Al que acaban de dejar, le dice que está trabajando en una ONG o en servicios sociales, dice que llevan sin trabajar desde hace cuatro meses pero que podrán conseguirle la cantidad de dinero para pagar algunos atrasos. El abogado dice que no es asunto suyo, que él solo cumple la demanda de su cliente y que trae todos los papeles en regla para llamar a la policía. El guarda de seguridad dice que no se anden con chiquitas y que desalojen a “estos vagos” (o lo que quieran poner aquí). Se inicia un forcejeo entre el guardia de seguridad y el activista de la ONG. Se insultan, mientras el abogado permanece en silencio, como dudando de la situación. Después de la pelea, en la que el activista lleva la peor parte, es curado por una de las familiares de los que están viviendo en el piso. El abogado dice que volverán, y la próxima vez será la policía y con una orden de desalojo. Al final, la chica musulmana se lleva al activista a su propia casa. 


   MAGDALENA: Mira, yo ya no aguanto más. Si quieres entrar ahí, para defender a esta gente, pues quédate; tú atente a las consecuencias.

    ESTEBAN: Sí señor, la niña bien que no se preocupa nunca por nadie más que por sí misma. Eres ciega, ciega a lo que pasa a nuestro alrededor y encima no te puedes valer todavía por ti misma. No eres más que una niñita mimada pendiente del móvil sin capacidad para afrontar tu vida… No tienes ojos para los demás...
  
    MAGDALENA: Yo no te tengo que escuchar más. Esta es la última vez. Eres una persona con un gran corazón, pero solo lo abres para aquellos los que tienes más lejos de ti. Nadie cerca de ti te importamos, ni tus padres, ni tu trabajo ni por supuesto yo. Yo he sido un juguete para ti. 
     ESTEBAN: ¿Eso quiere decir que lo dejamos?

     MAGDALENA: Lo siento, Esteban. No podemos seguir así.
     (Magdalena se va y Esteban se queda pensativo y cierra la puerta).

*  * * * *

     Sr. MATEO:  (confuso) ¿Y es preciso llegar a esta situación?

    PEDRO: Ya se sabe, con esta gente no hay otra forma. Mire, yo no soy racista, ni nada, lo haría con un español. Pero si no pagan, no pagan y habrá que hacer algo. Yo no tengo la culpa que hayan quedado en el paro.

    Sr. MATEO (siempre educado): Le puedo asegurar que para mí, esta situación no es nada agradable. Dejar a la gente durmiendo en la calle… no resulta algo de lo que uno deba enorgullecerse.

    PEDRO: Las cosas son como son. Además la culpa es de la gente, que se endeuda y se endeuda..., y después se encuentra que no es capaz de pagar un alquiler.

    Sr. MATEO: Eso me lo repito todos los días. La culpa es suya. Nosotros hacemos algo completamente legal. Y aún así, cada día me resulta más duro hacer mi trabajo.

    PEDRO: Es cuestión de acostumbrarse. Un par de tortas, y la gente lo entiende.

    Sr. MATEO: Por Dios, no sea tan burro. (da al timbre en la puerta)

   PEDRO: Pero si no lo soy. En fin. !Abran la puerta de una vez! Están sordos o qué.
(Sale un inmigrante, pero Esteban no le deja hablar)

   ESTEBAN: Buenos días, ¿qué pasa?

  Sr. MATEO: Buenos días, quería hablar con los inquilinos del piso. Venimos en nombre de la inmobiliaria que tiene el alquiler el piso, y observamos un impago de varios meses. Tras sucesivos avisos, la empresa se ha visto en la obligación de demandar una orden judicial de desahucio.

   ESTEBAN: Vamos, que se van a la calle.

   Sr. MATEO: Efectivamente. Naturalmente si en el plazo de una semana pudiesen resolver la deuda, quizás la situación podría cambiar.

   ESTEBAN: En el plazo de una semana, este tío está tonto. Llevan sin trabajar un año entero, y no tienen ni para comer. Van a comedores sociales y me dicen que paguen el alquiler.

   Sr. MATEO: Entienda que eso no es mi culpa.

   ESTEBAN: ¿Y es la suya acaso? ¿Va a dejar a un niño en la calle?

  Sr. MATEO:  Lo siento, pero entienda que eso no es de mi incumbencia.

  PEDRO: A ver, ¿qué es lo que tú no has entendido? Si no pagas, fuera de la casa.

  ESTEBAN: ¿Y a ti quién te ha dado vela en este entierro?

  PEDRO: ¿Y este gallito?  

  ESTEBAN: ¿Qué dices, vendido al capital?
  PEDRO: A este le doy yo un buen palo. Lo estás pidiendo a voces.

  Sr. MATEO: Señores, por favor, señores. Déjele en paz, sr. Pedro. 

(Pedro y Esteban empiezan a zarandearse, pero Esteban lleva la peor parte. El sr. Mateo consigue separarles, y dejan a Esteban tirado en el suelo).

  Sr MATEO: Mire, o convence a esta gente para que se vaya, o se encontrará con problemas y usted el primero. Ya saben, la próxima vez, vendrá la policía con una demanda judicial a echarles. Adiós.
(Pedro y el sr. Mateo abandonan la escena, dejando a Esteban tirado. Los de la casa cierran por miedo. Poco después llega una señora de la limpieza).

   Sr. ESTEBAN: Socorro. Abran la puerta, por favor, abrid… (llama a la puerta, pero no abren). Imposible, tienen demasiado miedo para abrir.

  NAIMA: (viene de limpiar las escaleras) Pero, ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué le han hecho? Está usted sangrando en la frente… Le han dado un golpe en la cabeza.

   ESTEBAN: Perdone, parece que no me puedo mover…

    NAIMA: Espere, apóyese sobre mí, vamos, sin miedo... Vamos a los baños de abajo a ver si podemos lavarle esa herida, y ver qué le ha pasado. ¿Necesita que vaya a mi casa? Vivo aquí al lado.

   ESTEBAN: Muchas gracias… El mundo es una paradoja. Al final es la gente extraña la que te da más sorpresas. Los conocidos siempre te dejan de lado. En cambio, usted, una extranjera, me podía haber dejado tirado aquí, y no lo ha hecho.

   NAIMA: No lo he hecho de la misma forma que usted tampoco lo haría conmigo. Estoy convencida. De todos modos, no creo que nuestros amigos nos suelan dejar tirados.

    ESTEBAN: No lo tenga tan seguro del resto de la gente.



ESCENA 2
(desarrollada por cada grupo)

ESCENA 3
     GUIONISTA (subido al estrado con el micrófono): La especie humana no es, como se ha pensado habitualmente, una especie agresiva. Al contrario, tras un enfrentamiento, la gran mayoría de los primates, e incluimos aquí al ser humano, piensan lo que han hecho, se preguntan a ellos mismos si mereció combatir, y finalmente, muchos de ellos acaban reconciliándose. (Se puede proyectar imágenes de reconciliación).
   
      ESTEBAN: Me han convocado aquí. Debo ser el primero en llegar, pero todavía no hay nadie. Ah, parece que ya llega aquí… No, no puede ser.

      MAGDALENA: Anda, ¿y tú qué haces aquí?
   
     ESTEBAN: Supongo que por lo mismo que tú. Esto debe tener alguna explicación. ¿Estás por la misma razón que yo aquí?

     MAGDALENA: ¿Has recibido la misma carta que yo?

    ESTEBAN: No puede ser…

    MAGDALENA: Pues sí.

    ESTEBAN: Qué casualidad…
(Hay un silencio embarazoso)

   ESTEBAN: Sabes. He querido llamarte estos días. Me han pasado muchas cosas. He perdido el trabajo, pero ahora casi no importa. Especialmente me han hecho pensar mucho lo último que me dijiste. Solo miro hacia las personas que están a lo lejos, y nunca las cosas que tengo más cerca. Quería llamarte, pero no lo hice. Orgullo, supongo.

   MAGDALENA: Ahora pareces entenderlo. De todos modos, yo no estoy mejor. Casi vengo obligada por mis amigas. Me han dicho que tengo que hacer algo con mi vida. Contigo, casi no tenía que preocuparme de eso.  Pero, oh, viene alguien…
(Entra el señor Mateo)

    MATEO: Hola, buenas tardes. (no reconoce a Esteban)

    ESTEBAN: Anda, pero, ¿usted qué hace aquí?

   MATEO: ¿Disculpe? Oh, pero si usted… Usted es el joven del otro día al que aquel guardia de seguridad le dio la paliza… Dios mío, qué situación tan embarazosa. Qué vergüenza. Le merezco todo el desprecio. Sí, lo recuerdo ahora. Le dejé en aquella puerta, tirado como un perro (se tapa los ojos). Qué vergüenza.
Si esto le vale de algo, le diré que he abandonado mi trabajo. No podía más con mi propia conciencia. Lo que me estaban obligando a hacer, un desahucio tras otro, era algo que me machacaba continuamente. Pero no podía dejar de pensar en lo ventajoso que era para mí, mi sueldo, mi vida privada… En fin, hoy todo eso está roto.

   ESTEBAN:  Vaya, de algo valió entonces aquella paliza (dice consolándose).

   MATEO: Le ruego que me perdone, señor… (preguntando)

   ESTEBAN: Señor Esteban.

   MATEO: Mateo Ramos a su servicio. (Mateo le ofrece la mano. Esteban duda un momento pero al final, le da la mano también).

  MATEO (aliviado): Miren, solo por esto, la visita aquí ha merecido la pena. De todos modos, ¿saben por qué estamos aquí? Esto es una auténtica cita a ciegas.

   ESTEBAN: Dicen que buscan a alguien implicado con una causa justa.

   MAGDALENA: En la mía buscaban una imagen juvenil y relaciones públicas.

   MATEO: Pues en mi carta hablaban de un contable, qué quieren que les diga.

  MAGDALENA: Entonces no estamos luchando por el mismo trabajo: buscan distintos perfiles para esta actividad. Todo suena algo extraño.

    ESTEBAN: ¿Y no os resulta extraño que hayamos coincidido todos?
(De pronto entra el señor Pedro)

    PEDRO: Hola, bue… Pero ¿qué es esto? (dice contrariado cuando descubre con quién coincide en la sala de espera)

    MATEO: No puede ser. ¿Pero qué hace usted aquí?

   ESTEBAN: Lo que os digo. Esto es raro. Muy raro. En cualquier caso, yo no quiero coincidir en un trabajo con el que me ha roto la cabeza una semana antes. Yo no podría trabajar con un tipo así. (Esteban intenta levantarse)
   MAGADALENA: Espera, piénsalo un poco. No te vayas. No vuelvas a irte, por favor.

    ESTEBAN: Pero, ¿cómo quieres que me quede aquí, con este desgraciado? Al señor Mateo le puedo perdonar, pero, ¿este hombre ha hecho algo para cambiar?

     PEDRO: Puedo explicar algunas cosas. Si me dejan hablar un instante (claramente avergonzado. El señor Esteban se sienta por un instante.) Mirad, yo nunca he sido demasiado reflexivo. Nunca he pensado las cosas antes de hacerlas. Llegaba el momento, y paf (puño al aire), todo solucionado.

     MATEO: Ya le dije el otro día que las cosas no se arreglan así, a porrazo limpio.

    PEDRO: Perdone, usted no se ensucia las manos: tiene tanta culpa como yo. De todos modos, tiene toda la razón.  Mis amigos me lo recuerdan día a día. El caso es que el otro día, tras la pelea con usted (señalando al señor Esteban), no me han renovado el contrato. Estoy en la  calle (asombrándose de si mismo). No tengo dinero ni para pagar mi alquiler, me veo en un par de semanas… sí, me veo como esa gente que iba a echar a golpes de su casa, saben, y cuando eso te ocurre a ti, joder, la cosa cambia. Por primera vez en mi vida me he puesto a pensar sobre ese asunto. Siempre es distinto cuando le ocurre a otro. Pero cuando lo vives en tu propia vida.   

   ESTEBAN: Por fin este indeseable se ha dado cuenta. Pero ahora ya es tarde. De todos modos, yo no quiero trabajar con este hombre.

   MARTA: Espera, Esteban. Me encantaría que te quedases. La cosa se haría más fácil para los dos.
(En ese momento llega Nayma)

    NAYMA: Hola, buenos días.

   ESTEBAN: ¡Qué sorpresa!

  NAYMA: ¡Cómo! Pero qué coincidencia, y ustedes… ¿no nos hemos visto todos antes?

  ESTEBAN: Esto es muy extraño. Pero estoy extremadamente contento de coincidir nuevamente con usted. Le tengo que agradecer lo que hizo por mí el otro día.

  NAYMA: Ya se lo dije; era normal actuar así.

  ESTEBAN: No, no es normal. Mira, Marta, esta chica me curó el otro día después de una paliza…

 MAGDALENA: ¿Te dieron una paliza? ¿Quién, ese de ahí? (señalando al señor Pedro).

  ESTEBAN: La historia es larga.

  NAYMA: Encantada de conocerla, señorita.

  ESTEBAN: Cuéntanos qué haces aquí.

  NAYMA: Pues estoy emocionada. Es la primera entrevista de trabajo en mucho tiempo, sabe. Mi contrato como limpiadora estaba a punto de terminar, y la verdad es que no me llegaba para mucho. Así que cuando he visto esta posibilidad… el cielo se ha abierto. He visto la luz, como dicen aquí… Me da igual con quién vaya a trabajar, estoy deseando empezar.

  MAGDALENA: Todos necesitamos el trabajo. Mira Esteban, ahora que te has encontrado con Nayma, ¿no crees tú que esta situación no merece la pena? ¿Aunque esté aquí el que te dio la paliza?

  NAYMA: ¿Son esos que están ahí sentados? Los recuerdo perfectamente. (dice acercándose a ellos) ¿Pero a ustedes no les da vergüenza lo que hicieron a este señor? No, en mi país no hacemos estas cosas, al menos la gente con decencia. Se creen superiores a nosotros solo por su dinero. Pero hay cosas que valen mucho más que eso. Dignidad.

  PEDRO: Muchos de ustedes son delincuentes.

  NAYMA: ¿Está usted seguro? ¿Y a cuantos polacos o rusos conoce usted? ¿Los que salen en la televisión? ¿Y usted? (hacia el señor Mateo) ¿A cuántos conoce?

  MATEO: No muchos, la verdad. Habitualmente, gente que no puede pagar su casa.

  NAYMA: Ustedes miden a las personas solo por el dinero, por aquellos que pueden pagar sus deudas. Quienes no pueden hacerlo se convierten en basura.  

  MATEO: Señorita, le puedo asegurar que ya no me dedico más a eso.

  PEDRO: Y yo no estoy orgulloso de mi propia agresividad, también se lo puedo asegurar… En cuanto a usted, estoy seguro que es buena gente. Se le ve.

  MAGDALENA (Poniéndose en el centro): Bueno, ya está bien. Tendremos que aprender a llevarnos bien si queremos quedarnos con este trabajo. Me parece que vamos a tener que convivir entre nosotros, ¿no es así?

  NAYMA: Así es. De otra forma, cada uno tendrá que volver a su casa.
(los demás asienten con la cabeza y contestan afirmativamente. En ese momento entra Tibb Hoffman y los que están sentados se levantan)

  Sr. HOFFMAN (mirando a sus papeles, pasando lista): Buenas tardes a todos… Muy bien, señorita Magdalena, Señorita Nayma, señor Mateo, señor Pedro y señor Esteban. ¿Estamos todos, no es así? La empresa SOYD les da la bienvenida a su delegación. Pasemos a esta sala, por favor.


ESCENA 4 (continuación)

   Sr. HOFFMAN: muy bien, ya estamos todos…
 
  ESTEBAN: ¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Por qué nos han elegido a nosotros? ¿Por qué cuando  hemos coincidido todos en otro momento? Yo he conocido a todas estas personas.

  Sr. HOFFMAN: Les hemos elegido por sus aptitudes. Y les hemos elegido por que en este momento, ustedes no saben dónde les puede llevar su vida.

  MATEO: Es difícil pensar que esto ha sido una coincidencia.

  Sr. HOFFMAN (riéndose): Pueden pensar lo que quieran. El caso es que necesitamos un abogado, y usted es el mejor para esta tarea.

  MATEO: Con la condición de no volver a promover un desahucio. Ya he echado a demasiada gente de su casa.

  Sr. HOFFMAN: No se preocupe. Y necesitamos un guardia de seguridad, y usted ahora no está trabajando (al señor Pedro). Y necesitamos una buena relaciones públicas, capaz de hablar inglés (dirigiéndose a Magdalena).

  ESTEBAN: ¿hablas inglés?

  MAGDALENA: Por supuesto, no soy tan inútil como tú creías.

  Sr. HOFFMAN:  Y ahora podrá demostrar de una vez su valía. Y necesitamos un experto en ONGs y cuestiones sociales, que nos guíe en nuestra empresa (dirigiéndose hacia Esteban)

  NAYMA: ¿Y yo?

  Sr. HOFFMAN: ¿Todavía no se ha dado cuenta? Usted, y solo usted, es la que permite que esta gente sea capaz de aguantarse entre ellos. Usted hará de mediadora entre todo el grupo.

  NAYMA: Pero si yo no sé nada… ni tengo formación, ni nada de eso.

  Sr. HOFFMAN: Usted misma dijo que la gente no se puede medir solo por el dinero. Ni tampoco por sus títulos universitarios.

  ESTEBAN: Estoy de acuerdo con lo que dice el señor Hoffman.

  PEDRO: Sí, estamos de acuerdo. Pero ahora los puntos sobre las íes. A ver, ¿de qué trabajo estamos hablando? Usted está dando vueltas y vueltas, y no se centra sobre la tarea que nos van a encomendar.

  Sr. HOFFMAN: ¿Ve usted? Ese espíritu asertivo que lleva dentro es muy valioso y necesario cuando lo controla.

  PEDRO: Gracias.

  Mr. HOFFMAN: La empresa les va a ofrecer un viaje. Lo hemos llamado Operación Hespérides, aunque el nombre es un poco extraño. Ustedes participarán en una operación de rescate.

  ESTEBAN: Suena extraño.

  PEDRO: Interesante.

  Mr. HOFFMAN: El rescate de un grupo de personas que se encontraban igual que ustedes.

  MAGDALENA: ¿Qué quiere decir?

  Mr. HOFFMAN: Gente a punto de cometer disparates. De romper su vida. Ustedes ya saben de qué hablo, porque ustedes también eran objeto de ser rescatados. Si quieren, llámenos una organización de psicólogos experimentales, o una ONG, como le gusta decir al sr. Esteban, aunque somos mucho más que eso. Deberán viajar y establecerse en otros países. Empezarán por el norte, siguiendo la ruta de las Hespérides, esas estrellas que marcan el firmamento. Naturalmente, en cualquier momento de su nuevo trabajo podrán decir “no”, y regresar a su casa.  (podrían aparecer imágenes de problemas de los propios protagonistas)

  Sr. MATEO: Disculpe que interrumpa, pero ya que voy a ser el contable de esta operación, ¿quién correrá con los gastos? Todo suena demasiado bonito…

  Mr. HOFFMAN: Naturalmente, la organización SOYD se responsabiliza de su mantenimiento y su salario. Pero no esperen hacerse ricos con esto. Ofrecemos experiencias, más que dinero.  

  NAYMA: Yo estoy de acuerdo con ello. Puedo afrontar el reto. Al fin y al cabo, me irá mejor que aquí. Y quizás hasta pueda encontrar un mejor lugar para mi familia.

  ESTEBAN: Resulta demasiado interesante para decir que no.

  PEDRO: Suena a aventura. Contad conmigo.

  MAGDALENA: Es quizás el trabajo que siempre tenía en sueños. ¿Y usted, señor Mateo?

  MATEO: No sé. Es demasiado arriesgado. Demasiado vago, difuso. Ustedes son jóvenes. Yo ya tengo más edad.

  MAGDALENA: ¿Qué quiere decir?

  ESTEBAN: Quiere decir que le darán poco dinero, comparado con lo que ganaba en su bufete...

  PEDRO: Pero le necesitamos, Mateo; necesitamos alguien que gestione todo eso. Yo no sé hacerlo. De hecho, nunca he salido de mi país.

  NAYMA: Y para toda la burocracia que tengamos que hacer fuera, empezando por la mía.

  MATEO: Vaya, es la primera vez que soy necesario para algunas personas. ¿Saben qué les digo? Que acepto. Siempre habrá un momento para retirarse.

  MAGDALENA: No piense en ello antes de empezar.

  MATEO: Pues tienes toda la razón.  Aquí tienen ustedes mi mano.

  NAYMA: Y las de todos los demás. (Juntando todos la mano y poniéndose en corro)

  ESTEBAN: ¡Hespérides acaba de arrancar!